Estudio del caso
1:
El
caso que presentamos requiere la intervención de la logopedia
y la ortopedia dentofacial en sus vertientes de ortodoncia y prótesis.
En un tratamiento multidisciplinar de este tipo debe existir la
colaboración entre los diferentes especialistas para establecer un
correcto plan de tratamiento y, desde el principio, adoptar una
estrategia común.
Se
trata de una paciente de 67 años de edad que en el momento que acude
a nuestro centro presenta a la exploración oral: (1) una proalveoilia
superior con apertura anterior; (2) una enfermedad periodontal que había
provocado la pérdida de varias piezas dentarias de la arcada superior
con disminución de hueso, evidenciable de forma llamativa en la
radiografía. La teleradiografía de perfil ponía también de
manifiesto la disarmonía dentomaxilomandibular.
Al
realizar la valoración neuromuscular orofacial se apreció: (a) una
posición de reposo y de función anómalas, con interposición
lingual entre ambas arcadas, (b) hipotonía labial, (c) apoyo de los
incisivos superiores sobre el labio inferior, (d) deglución atípica
con una contracción masetera débil y con movimientos labiales y
mentonianos, (e) la pronunciación de los fonemas dentales /t/ y /d/
totalmente anteriorizados y los bilabiales /p/ y /m/ con la intervención
de incisivos superiores para su articulación; por último (f) la
paciente refería abundante salivación nocturna y la inestabilidad y
mala tolerancia de su prótesis.
Ocurre
con cierta frecuencia que una serie de pacientes no soportan las prótesis
y el dentista no sabe por qué, de forma que tiende a pensar que son
pacientes reivindicativos o neuróticos, y no siempre es así, puesto
que puede ocurrir que no se haya realizado un diagnóstico correcto de
ortopedia dentofacial. Cuando el dentista verifica la prótesis en
posición de dientes cerrados (oclusión), es estable, pero no lo es
en función.
Para
enfocar el problema de una manera precisa se tendría que empezar por
hacer una descripción del fenómeno fisiológico de la deglución. Es
conocido que la deglución tiene tres tiempos: bucal, faríngeo y esofágico;
los dos últimos son reflejos, y el primero, que es el que nos
interesa, es voluntario. Cuando tragamos saliva, ésta es llevada en
una primera fase entre el paladar y la lengua, en ese momento la mandíbula
y el músculo temporal posterior
estabilizan la mandíbula, después el músculo milohioideo se
contrae, lo que provoca una protracción de la lengua en la que la
punta se apoya sobre la papila palatina, detrás de los
incisivos superiores; mientras, los maseteros se contraen y
colocan los dientes en oclusión y los músculos intrínsecos de la
encía entran en función, provocando la onda peristáltica que lleva
la saliva a la faringe. La lengua no se desplaza por estar apoyada
dentro de la base maxilar, quedando apoyada su punta en la papila, y
empujando hacia delante con una fuerza del orden de 100 g/cm2.
En
el lactante, que carece de dientes y, sobre todo, del bloque
posterior, el asunto es muy diferente, ya que no se puede estabilizar
la mandíbula mediante ese mecanismo, ni tampoco tener una
hermeticidad, de tal forma que el proceso se desarrolla como sigue: la
lengua se coloca entre las crestas alveolares y entra en contacto con
el labio inferior, mientras que los labios se contraen fuertemente
junto con toda la musculatura perilabial. Cuando persiste la deglución
infantil en el adulto, pueden establecerse patrones de comportamiento
lingual diferentes con apoyos linguales completamente aberrantes en el
momento de la pronunciación de determinados fonemas sin que por ello
el sonido emitido difiera del sonido pronunciado en el lugar adecuado.
Plan de
tratamiento
Se
prepara en el plan de
tratamiento una corrección a partir de la acción combinada de:
1. Aparato de
ortodoncia fijo superior para conseguir la correcta alineación de los
dientes superiores.
2. La reeducación
de la deglución, que requiere el entrenamiento muscular para la
adquisición del tono adecuado y la realización de ejercicios de
coordinación de movimientos que permitan el control de la deglución
correcta, así como el punto y modo de articulación de los fonemas
dentales y bilabiales para propiciar la consecución de la “línea
de fuerzas cero” que es aquella en la que las fuerzas labiales y las
de las mejillas quedan anuladas por las fuerzas linguales, obteniéndose
la posición más fisiológica y estable.
3. Prótesis
dinamico-funcional inferior. La prótesis es un aparato de ortopedia
dentofacial y cumple una función ortopédica, que es reemplazar un
miembro que se ha perdido, en este caso los dientes.
Si
se habla en términos de condicionamiento operante, se debe pensar en
lo que sucede en un paciente desdentado con deglución atípica: cada
vez que traga empuja la prótesis hacia delante o bien introduce la
lengua entre los dientes protésicos y los desplaza una media de
ochocientas veces al día. Mientras habla, en un momento determinado,
traga, por tanto la prótesis se desestabiliza, y le produce un
condicionamiento negativo que se intenta evitar dando un golpe de mandíbula
para volver a poner dicha prótesis en su lugar. El paciente aguanta
mientras puede cada vez que, como al tragar, vuelve a desestabilizarse
y se repite la misma operación. Pero llega un momento en el que,
debido a la incomodidad que le produce la prótesis comienza a no
dejarla puesta para dormir; a continuación pasa a quitársela a
ratos, ya que traga, habla y se siente mejor sin ella, y finalmente,
la prótesis acaba en el cajón de la mesita de noche. Como
consecuencia el paciente interpreta que la prótesis está mal hecha y
comienza a buscar otro dentista.
Si
se imagina ahora el mismo paciente al que se le ha hecho consciente
del problema y recibe un tratamiento de reeducación funcional, cada
vez que traga adecuadamente la
prótesis permanece estable (reforzador positivo); cuando realiza la
deglución atípica la prótesis se desestabiliza (reforzador
negativo). La conducta tendente a la deglución atípica va
disminuyendo en frecuencia hasta su extinción total, mientras la
conducta nueva, que esta siendo reforzada cada vez que el paciente
traga acabará por imponerse. Igual sucede con una prótesis completa
y con mayor fundamento. Quizá esto explique por qué se ha encontrado
que los adultos desdentados y de edad avanzada aprenden antes que los
niños, ya que, aunque a los niños se les desvíen los dientes, no
les ocurre de inmediato, y además no sucede a una velocidad tal que
el niño lo vea, por lo que suelen necesitar tratamientos de mayor
duración que aquellos pacientes que se autorefuerzan positivamente de
manera constante.
Conclusiones:
Los
pacientes que no soportan una prótesis suelen quedar encasillados,
para los dentistas que les han tratado, en algún cuadro psicológico
que pueda excusar que una prótesis realizada de manera correcta no
funcione. En la universidad nuestra profesora de prótesis nos decía:
“Si les llega un paciente al que le han construido diez prótesis y
no han soportado ninguna, no intenten construir la número once,
porque tampoco va a funcionar”.
En nuestro centro se ha comprobado que es necesario verificar
si hay algún problema lingual. Y no se debe olvidar que cuando la
ciencia dice una cosa y el paciente otra, lo más probable es que el
paciente esté en lo cierto.
Hemos
observado que el tratamiento de reeducación miofuncional en adultos,
contrariamente a lo que cabría suponer, es más sencillo que en niños.
Los adultos aprenden más rápido, comprenden mejor cual es el
problema y trabajan con más interés, sobre todo cuando se les
explica claramente que de ello va a depender el éxito o el fracaso de
su tratamiento protésico.
El
hecho de que este tipo de diagnósticos no se realice se debe a que la
odontología se encuentra tan especializada que es difícil caer en la
idea de conjunto, ya que el profesional que se dedica a prótesis no
se dedica a ortodoncia ni viceversa, y el trabajo de equipo es la
única forma de hacer un tratamiento integrado.
Una
vez realizada la anamnesis, evaluación y diagnóstico, se programa un
tratamiento que requiere la participación de los diversos
especialistas en sucesivas etapas junto a la excelente colaboración
de la paciente, obteniendo como resultado la prevención de la
edentación total al evitar la destrucción de los tejidos
parodontales y así conseguir un tratamiento eficaz y definitivo al
actuar sobre la causa, facilitando el mantenimiento de los objetivos
estéticos y funcionales alcanzados. De esta forma se puede ofrecer un
adecuado terapéutica a una serie de pacientes que, de otra forma, no
podrían ser susceptibles de tratamientos satisfactorios, ya sean para
el propio paciente como para los profesionales que le atienden.